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Miriam Aller

La comunicación es algo que me apasiona. Desde muy pequeña, cuando hablaba movía las manos sin parar; tanto, que a veces me decían que «bailaba con las manos» al hablar.

Tenía cuatro años cuando llegó a mis manos un diccionario de lengua española. Lo abrí como quien hojea un libro cualquiera, y una imagen atrapó mi mirada: manos de formas distintas. No pude apartar los ojos de ellas. Corrí junto a mi madre y le dije: «Mamá, yo de mayor quiero trabajar con esto». Ella sonrió. Cuando llegó mi padre, le enseñé la misma imagen, y le dije lo mismo: «De mayor quiero esto».

Los años pasaron, yo fui creciendo, y aquella imagen seguía grabada en mi retina, alimentando una curiosidad que nunca se apagó. Hasta que, por fin, pude formarme como intérprete de lengua de signos: la profesión que hoy ejerzo cada día con ilusión, con motivación renovada y con un cariño que crece con el tiempo.

Mi vida sin la lengua de signos no sería la misma. Aunque no es mi lengua materna, es la lengua que llenó de sentido la mía. Porque aquel sueño de niña es hoy mi realidad. Y gracias a ella puedo decir, con el corazón, que los sueños, si se persiguen, se consiguen.

Después de nueve años de trabajo constante para abrirme un lugar en este ámbito —cada día un paso, cada año una superación, un nuevo reto—, llegó el momento de ponerle nombre a todo ese camino. Corría el año 2012.

Y no puedo hablar de ese momento sin recordar, con muchísima gratitud, a todas las personas que me arroparon en los días de frío, que me sostuvieron en los momentos de flaqueza, que me tendieron la mano para ayudarme a levantar. A cada una de ellas: gracias, de corazón. Sin vosotras, esto no habría sido posible.

Así nació Entresignos: un equipo de profesionales de la lengua de signos, curtidos en ámbitos distintos, junto a la comunidad sorda y sordociega. Hemos crecido, aprendido, compartido e interpretado en los lugares más insólitos, rocambolescos, pintorescos y atípicos… siempre con ilusión y una sonrisa por bandera.

La lengua de signos es el combustible que mueve mi vida: la que hace que, día a día, mis manos cobren vida y mi cuerpo se mueva. Y juntos, seguimos caminando hacia la accesibilidad, hacia un mundo sin barreras invisibles de comunicación.